
Charles Robert Darwin nació en Shrewsbury en 1809, en el seno de una antigua familia inglesa de médicos y artistas y murió en Down, en 1882. Empezó estudios de medicina, pero la cirugía le producía tal repugnancia que tuvo que abandonarlos. Posteriormente, inició estudios religiosos que también abandonó. Finalmente, encontró su auténtica vocación en el estudio de la historia natural.
En diciembre de 1831 se embarcó en el Beagle, uniéndose a una expedición naturalista por América del Sur y las islas del Pacífico. En este viaje, Darwin observó que las especies cambian a través del tiempo y en función del espacio que habitan. Para él, la única explicación posible a estos cambios era la evolución. A pesar de que muchos científicos opinaban que los seres vivos habían ido transformándose, nadie se había atrevido a formular ninguna teoría al respecto, ya que chocaba de pleno con las ideas del origen divino de la creación planteados y aceptados hasta el momento.
De vuelta a Inglaterra e influenciado por las teorías económicas de Malthus, que hablaban de la necesidad de competir para sobrevivir en un entorno que no puede alimentar a todos los individuos, Darwin expuso su teoría de la evolución. El principio fundamental explicado en El origen de las especies es que las especies que existen actualmente se han desarrollado a lo largo de millones de años a partir de especies más simples. Según Darwin, los seres vivos están obligados a luchar para sobrevivir, sólo lo lograrán los individuos más aptos, los que se adapten mejor a las condiciones del medio: los más fuertes hacen desaparecer a los débiles e inadaptados.