
Sobre todo por evidentes razones prácticas, los grandes barcos de vela han desaparecido, pero la navegación con pequeños veleros se ha convertido en un deporte muy apreciado. Estas embarcaciones de vela poco tienen que ver con las naves rudimentarias de antaño, ya que se ha avanzado mucho a favor de la ligereza, la resistencia del casco y la velocidad.
El velero, en su versión más simple, consta fundamentalmente de tres partes: casco, velamen y aparejo. El casco es el elemento portador; el velamen, con la participación del viento, se convierte en el elemento motor y dispone de una o dos velas triangulares (la Marconi y el foque); el aparejo es el elemento que asegura la conexión entre casco y velamen.
La orza es una plancha que sirve para impedir el vuelco de la embarcación y garantizar una mayor estabilidad, así como un gobierno más sencillo y preciso. Se encuentra en el eje del casco o bien en sus dos bandas.
La embarcación se dirige gracias al timón, una plancha delgada y rígida que se encuentra en popa. Sobre su cabeza, se encuentra una pieza larga que el timonel maneja manualmente: para virar a estribor hay que girar la barra hacia babor y viceversa.