Algunos escritores de la antigüedad hablan de una isla fantástica llamada Atlántida, sobre la que cuentan infinidad de leyendas. Las narraciones explican que los antiguos griegos tuvieron que rechazar a un gran pueblo venido de lejos, los atlantes, que vivían en una isla ubicada cerca de las columnas de Hércules (Gibraltar). A causa de un cataclismo, ocurrido según Platón hacia el 9600 aC (9000 años antes de la vida de Solón), la isla quedó sumergida y desapareció.
A pesar de que muchos han sostenido que la isla jamás existió y que sólo era una alegoría, no son pocos los que consideraban que las leyendas surgieron de algún hecho real. En cualquier caso, la Atlántida ha sido fuente de inspiración para muchos escritores, sobre todo europeos: Francis Bacon, Rudbeck, Jacinto Verdaguer, Hauptmann o Benoit, entre otros.
La palabra atlante ha quedado en el vocabulario como sinónimo de una persona que ofrece su ayuda en alguna misión especialmente difícil y para el arte son estatuas de hombres semiempotradas , adosadas o exentas sobre cuya cabeza u hombros descansa cualquier elemento de un edificio o mueble.