
Cuando Amenofis IV subió al trono de Egipto, hacia 1370 a.C., implantó una reforma religiosa en cuyo centro se encontraba la negación del politeísmo. El Sol es el único astro, por tanto, sólo existe un dios (que es el Sol).
La representación del Sol era un globo con un haz de rayos terminados en pequeñas manos, estos rayos se desplegaban en abanico hacia la tierra. Atón es el creador del cielo y de la tierra, es el protector de Egipto y su poder alcanza todo el universo, es el único que dispone de poder creador, el único que proporciona la fuerza y la energía. La voluntad de Atón es revelada al faraón, que es su profeta, sin intermediarios. De hecho, sólo el rey y su familia adoran a Atón, ya que el pueblo adora al faraón.
Con la llegada de Atón se prohibió el culto a los demás dioses egipcios, especialmente el culto de Amón. El faraón cambió su nombre (que significaba Amón está satisfecho) por Ekhnaton (El placer de Atón) y sustituyó la capital, Tebas, centro de culto de Amón, por Akhetaton, una nueva ciudad construida entre Menfis y Tebas.
El culto a Atón fue breve, ya que a la muerte del faraón se restauró el culto a Amón y se devolvieron los privilegios a sus sacerdotes, pasando a ser Atón el dios perseguido y su nombre eliminado de todos los templos.