
La atmósfera está formada por distintos gases mezclados para crear una capa de protección que rodea la Tierra. Es fundamental para la existencia de la vida porque filtra los rayos solares. De hecho, la importancia del ozono, unos de los gases que la componen y que mayor deterioro está sufriendo en los últimos años, radica en su capacidad para absorber los rayos ultravioleta emitidos por el Sol, sumamente perjudiciales para el hombre.
Básicamente está compuesta por una mezcla de oxígeno, nitrógeno y dióxido de carbono, con otros gases. Contiene vapor de agua y partículas de polvo en suspensión. Esta composición se está viendo alterada por la emisión de gases que realiza el hombre a la atmósfera y los efectos de los daños incontrolados causados por este motivo son incalculables.
La estructura de la atmósfera no es homogénea. En función de la temperatura se producen distintas capas horizontales: la primera es la troposfera, con un espesor aproximado de 10 km en los polos y 20 km en los trópicos; en ella se desarrollan todos los seres vivos. Por encima de la troposfera encontramos la estratosfera, que alcanza los 40 km de altura, aquí se encuentra la mayor concentración de ozono de la atmósfera. La mesosfera, a continuación, llega a los 80 km y la termosfera alcanza aproximadamente los 110 km.