Para muchos, la historia del ciclismo es la de los grandes ciclistas. Nombres como Eddy Merckx, Miguel Indurain o Tony Rominger han escrito algunas de las páginas más importantes, alcanzando grandes metas de este deporte en las competiciones más importantes: el Giro (Italia), el Tour (Francia), la Vuelta (España), los Campeonatos del Mundo o las Olimpiadas. Más recientemente, el ciclismo femenino también ha empezado a despertar auténticas pasiones.
A pesar de que los últimos años la fama de este deporte se ha visto seriamente perjudicada por problemas relacionados con el dopaje, no hay duda de que el ciclismo es uno de los ejercicios que requiere una mayor capacidad física para su práctica a nivel profesional y uno de los que goza de mayor popularidad a nivel aficionado porque ofrece grandes posibilidades, tanto por el ejercicio como en su vertiente de ocio o de transporte.
Ya en las civilizaciones antiguas (Egipto, China o India) encontramos los primeros testimonios sobre las arcaicas bicicletas. Leonardo da Vinci disfrutaba diseñando máquinas de dos ruedas con plato, cadena y piñón para sus estudios sobre la transmisión... aunque sin dirección. En 1790 encontramos aparatos con ruedas de madera unidas por una barra de un metro, impulsados con los pies al golpear el suelo (el celerífero). El invento escocés de 1839 ya se parecía más a la actual bicicleta (tenía pedales).
En 1883 se celebró el primer campeonato del Mundo y le seguirían otras competiciones internacionales durante el siglo XX (el Tour, 1903; el Giro, 1909; la Vuelta, 1935...).