El cine clásico pretende explicar las cosas tan bien como sea posible, su finalidad es que la historia narrada sea plenamente comprendida por el espectador. La narración es más importante que el espacio y el tiempo (la coherencia espacio-tiempo queda supeditada a la claridad narrativa), por eso las cosas se explican siempre tres veces de modo que el espectador no pueda perderse.
El sistema clásico no es innovador, sino que desarrolla todos los recursos existentes para explicar una historia de forma verosímil. Los cineastas ya confían en su capacidad narrativa en el sonoro, conocen los mecanismos que funcionan y sólo han de seguir unas pautas.
El inicio típico presenta a los personajes y explica verbalmente la situación. La planificación y la puesta en escena se alejan por completo del teatro y funcionan como una máquina bien engrasada: no hay planos gratuitos, todos están justificados y justifican a los demás. El autor prevé que el espectador se haga una pregunta en cada cambio de escena (¿qué pasará?, ¿dónde han ido?...) y la responderá en la siguiente... para generar una nueva pregunta.
Es el momento de las películas de productor, de las “majors” y del “star system”, donde cada actor tiene unas características y sólo le está permitido hacer un tipo de papel, por contrato.