Los Cometas y las Estrellas Fugaces

A menudo se confunden los cometas con las estrellas fugaces. Ambos son fenómenos muy distintos en realidad. El sistema solar no puede considerarse completo si no tenemos en cuenta los cometas. Los cometas son cuerpos compuestos en gran medida por moléculas de agua y de polvo, su grosor puede ser de varios kilómetros y giran en torno al Sol formando órbitas que suelen ser elípticas. En función de su órbita completan su recorrido en más o en menos tiempo, con una duración que puede variar entre algunos años y varios cientos.
Los cometas son cuerpos fundamentalmente pasivos si se encuentran lejos del Sol, pero a medida que se aproximan a él, el aumento de la radiación hace que el núcleo se vuelva gaseoso y por eso se desarrolla la impresionante cola del cometa.
Las estrellas fugaces son mucho más rápidas que los cometas. En realidad, en buenas condiciones y con suficiente paciencia, podrían observarse varias estrellas fugaces cada noche. La explicación a la existencia de las estrellas fugaces se encuentra en los cometas. Cerca del Sol, los cometas expulsan materia que se va acumulando en su órbita y produce una estela de polvo que será atravesada por la Tierra durante sus movimientos de rotación y traslación. Esas partículas de materia entran en contacto con la atmósfera terrestre a gran velocidad, se calientan y arden. La estela de la combustión es lo que llamamos estrella fugaz, aunque, hablando con propiedad, es un meteoro.
También se pueden observar otros cuerpos desplazándose con rapidez por el cielo: hay miles de objetos girando alrededor de la Tierra, desde satélites artificiales hasta basura espacial.