
Las Cuevas de Altamira son uno de los yacimientos arqueológicos más importantes. Se encuentra cerca de la localidad de Santillana del Mar (Cantabria, España). En ellas se encuentran grabados y pinturas rupestres que datan del Paleolítico Inferior, entre el Auriñacense y el Magdaleniense final. Han sido llamadas la Capilla Sixtina del arte prehistórico por la riqueza de las pinturas de este período que albergan.
Las cuevas fueron halladas gracias al perro de un cazador que perseguía su presa. Cuando su descubridor, Marcelino de Sautuola (1831-1888), entró en ellas por primera vez, en 1869, no fue consciente de los tesoros artísticos y arqueológicos que albergaba. Algunos años más tarde, volvió a las cuevas, acompañado por su hija y empezó a excavar con el fin de desenterrar posibles objetos prehistóricos. Mientras él excavaba, la niña observaba las paredes de la cueva y comunicó a su padre la presencia de las pinturas. Cuando Sautuola publicó su hallazgo, muchos expertos dijeron que era un fraude: no le creyeron hasta que Henri Breuil hizo un descubrimiento similar en Francia... aunque para entonces, Sautuola ya había muerto.
Las cuevas de Altamira contienen figuras de animales de clima frío, de gran tamaño y mostradas individualmente, sin formar escenas: bisontes, caballos, ciervos y jabalíes destacan por su realismo. El trazo de los contornos es muy hábil y se aprovechan las formas naturales de la roca para dar la sensación de volumen. Los colores utilizados se obtuvieron con tierra y grasa animal, consiguiendo negros, ocres, amarillos, pardos y rojos.