El descubrimiento de la tumba de Tutankamon
El 4 de noviembre de 1922 y tras años de búsqueda infructuosa tuvo lugar el inicio de uno de los mayores hallazgos arqueológicos de la historia. Se dice que Howard Carter, descubridor de la tumba, dijo “Veo cosas maravillosas” cuando accedió por primera vez al lugar, el día 26.
A principios del siglo XX, el gobierno egipcio ofrecía a los occidentales concesiones para la excavación de su territorio. En este caso, los gastos corrían a cargo de Lord Carnarvon, quien también formaba parte del equipo. El plazo concedido esta vez estaba a punto de expirar, sin que la expedición hubiera obtenido más que frustraciones tras años de búsqueda. Parecía que todos los grandes descubrimientos habían sido ya llevados a cabo en el Valle de los Reyes tras los trabajos de Theodore Monroe Davis. Sin embargo, había rastros que indicaban que la tumba del joven Tutankamon (1346-1337 aC) debía estar allí cerca.
Cuando apareció el primer escalón de acceso, Carnarvon se había marchado y tuvieron que esperar a su regreso para continuar con el descubrimiento. Efectivamente, a los pies de la tumba de Ramsés VI y bajo los restos de viviendas de épocas posteriores había una tumba de la Dinastía XX. Los sellos de dos de las puertas habían sido violados por los ladrones de tumbas pero el de la tercera se mantenía intacto: un impresionante tesoro aguardaba allí a sus primeros visitantes ¡y eso que Tutankamon era probablemente uno de los faraones menos importantes de su época!.
Lord Carnarvon murió poco tiempo después del descubrimiento, el día 5 de abril de 1923, al parecer a causa de la enfermedad transmitida por la picadura de un mosquito. El resto de los integrantes de la expedición murió a lo largo de un período de siete años fundándose así la leyenda de la maldición de la tumba.