
El vuelo acrobático permite al piloto llevar su nave a circunstancias extremas, espectaculares y resolver situaciones de peligro mientras vuela en terreno conocido y dominando el entorno... aunque eso no quiere decir que este deporte carezca de riesgo.
Las primeras competiciones internacionales de vuelo acrobático datan de 1920: La Copa del Mundo de Acrobacia Aérea, en Vicennes (Francia) contó con participantes de Alemania, Checoslovaquia, Italia, Gran Bretaña, Portugal y Francia. En esta fecha ya se había establecido un reglamento y había una serie de figuras conocidas por todos los pilotos. En los Juegos Olímpicos de Berlín (1936) se incluía el vuelo acrobático, aunque sólo como deporte de exhibición, no como disciplina olímpica. Sin embargo, el vuelo acrobático contaba con pruebas para hombres y para mujeres.
La Segunda Guerra Mundial fue un campo de pruebas para los aviones. Gran parte de las victorias fueron decididas en el cielo. La práctica en el vuelo en situaciones extremas permitió cambiar las naves que, tras el conflicto, sufrieron una importante evolución. Obviamente, las mejoras técnicas introducidas en los aparatos y la popularidad alcanzada por las máquinas (impulsada por la industria cinematográfica) lanzaron este deporte. Además, en 1960, José Luis Aresti elaboró un Diccionario Aerocriptográfico para el Vuelo Acrobático que servía para evaluar cada maniobra, evitando disputas a causa de la subjetividad de los jueces. Este sistema, adoptado por la Federación Internacional, es el que se usa todavía.